viernes, 13 de abril de 2007

De qué se trata esto

Soy una intérprete hace ya cierto tiempo: más de 6 meses. Desde que trabajo en esto, he pensado que hay muchas historias interesantes qué contar, pero nunca lo he hecho públicamente por varias razones. Primero, es un trabajo que lo deja a un exánime. ¿Qué ganas le quedan a uno de escribir las incidencias del trabajo cuando se está demasiado contento por haber terminado el día y por poderse desconectar del todo? Segundo, bajo mi nombre no lo haría. Aunque estoy muy confiada en que ninguna de las cosas que pretendo escribir violará ninguna ley de confidencialidad, siempre hay quien no entiende o no se adapta o quien lo hace todo por el libro. Yo jamás faltaría a la ética de un intérprete, y quien me lea lo notará. Pero hay quien puede entender que lo que digo bordea el límite tan de cerca como un Minuteman. Yo no lo creo, por eso lo hago. O lo haré, mejor dicho.

Así que por eso es que he esperado a llevar poco más de medio año (¡!) trabajando en esto para ponerme a escribir sobre ello. Hasta ahora, mis experiencias han servido para amenizar fiestas, aderezar conversaciones y pintarme como una persona más interesante de lo que soy. Pero me he dado cuenta de que he perdido la cuenta de las cosas para contar, como se pierde la cuenta de los chistes buenos que le hacen a uno a través de la vida y se le olvidan.

Soy una intérprete telefónica. Trabajo desde mi casa. En el camino se darán cuenta de que no es tan idílico como parece. Me suena el teléfono y contesto; al otro lado de la línea hay un representante de un banco, un trabajador de casos de bienestar social, un empleado de la línea de emergencias, un representante de una compañía de agua, luz, teléfono, cable, gas, basura... Todos tienen algo en común: sus compañías están en los Estados Unidos, ellos hablan inglés y necesitan atender a un cliente que habla español. Me dicen que añadirán al hispano a la conversación. El hispano puede bien saber lo que está pasando o no. El hispano puede ser educado y paciente o no. El hispano puede que me oiga o no. Puede que yo lo oiga o no. Puede que tenga una emergencia y esté desesperado. Puede ser alguien voluntarioso o gentil. Puede haber llegado sólo hasta tercer grado de primaria. Nunca se sabe. El gringo tiende a ser manso (generalmente) porque está brindando un servicio. Son los del idioma que interpreto quienes le añaden la sal a la llamada.

Es primera vez, desde que empecé a ser intérprete, que pongo por escrito lo que significa. Con el tiempo, quien me lea se dará cuenta de que tengo sentimientos encontrados sobre mi trabajo. Algunas veces odio a muerte mi trabajo y literalmente grito cada vez que suena el teléfono. Otras veces, mayormente cuando no estoy en horas de trabajo y se me olvida lo agobiante que es, pienso en lo orgullosa que estoy de lo que hago y en lo honorable que es. La verdad irrefutable es que es un trabajo extenuante que requiere del uso continuo de la mente. Los trabajos que requieren mente son más extenuantes que los que requieren cuerpo. Lo digo sin ninguna pretensión. He realizado varias labores de las dos variantes y me siento preparada para emitir ese juicio.

Algunas de mis experiencias cómicas parecerán atenuantes aunque no lo sean. Algunas de mis experiencias difíciles no lo habrán sido en realidad. Lo único que espero sacar de esta bitácora es entretenerme a mí y a los que decidan que vale la pena leerme.

No hay comentarios.: