lunes, 25 de junio de 2007

No le ponga a su hijo así

Por casi un año, he acumulado una colección de nombres. No en español (ésos requerirían una entrada al blog por separado), sino en inglés. Hay algunos nombres ingleses que, de nada más recordarlos, uno piensa en representantes de servicio telefónico al cliente:

Andrea
Amy
Angela, y en especial Angie
Anna, Annie y en especial Anita
Bridget
Carol
Christy
Cindy
Corrina (nunca lo hubiera imaginado, pero sí, va en esta lista)
Craig
Crystal
Danielle
Debbie
Diane
Donna
Elizabeth
Erica
Felicia (otro que ni se me hubiera ocurrido)
Jennifer
Kathy, y todas sus variantes
Kevin
Kim
Linda
Lisa
Mary y María
Michael
Michelle
Rhonda
Sherry, o Cherry, o lo que sea
Sue
Theresa

Tengo una lista completa de todos los nombres que se han cruzado en mi camino, pero los de arriba son demasiado comunes, diría yo. Pero el premio se lo lleva... DAWN! No sé qué les pasaba a los "baby-boomers" (presumo que, por sus voces y forma de hablar, estas Dawns tienen entre 25 y 30 años), qué telenovela estaba pegada para entonces o qué. Es más, una vez, una hispanohablante me dijo, tras yo explicarle que su enfermera de caso se llamaba Dawn: "Ah, sí, ya entiendo, como el detergente de lavar platos!".

¿Alguien notó el denominador común de la lista? Las vaginas. No es tan común que haya representantes de servicio al cliente varones como lo es que sean mujeres. Y la industria en la que hay más hombres es la banca.

¿Quieres saber si tu nombre es demasiado común? Deja un comentario. En serio, tengo una lista.

sábado, 14 de abril de 2007

Portugués NO es español

Las personas que hablan portugués a veces piden intérpretes de español. No sé en qué están pensando: quizás que es más fácil conseguir a alguien en español o que no hay intérpretes de portugués. A veces hasta insisten en que te quedes. Dicen “no, no, yo te entiendo”. Me parece súper desconsiderado, porque, claro, tú me entiendes, pero yo no a ti. Ni siquiera hablan en español; continúan en portugués, como si el hecho de que ellos entienden mi español significa automáticamente que yo entiendo portugués. Se los digo así mismo, y le pido al representante que me dé un momento en lo que le busco lo que en realidad necesitan. Es que de todos modos no podemos, por ninguna razón, aceptar una llamada en otro idioma que no es el cual nos contrataron para interpretar.

A veces, el representante se excusa: “Ay, perdón, es que pidió español:, y yo les digo, “Yo sé, yo sé”. Pero hay unos cuantos ignorantes que oyen francés o italiano o portugués o hasta chino y piensan que es español. No, no exagero, he tenido llamadas en todos esos idiomas, y el representante cree que son español.

Por otro lado, hay otros idiomas que no son español que aun así debo aceptar. Hay muchos mexicanos que ni siquiera hablan español, que vienen de poblados en los que se habla, por ejemplo, quechua. Una vez, tuve a una señora que, después de presentarme e interpretar la primera pregunta, empezó a gemir. Era el tipo de gemido que uno hace cuando está en una situación en la que no quiere estar. Su esposo agarró el teléfono y, en un español sin conjugar, me explicó que ella no hablaba español, sino _______. (Ni pregunten.) ¿Que cuál era el asunto de la llamada? ¡Era su octavo mes de embarazo y visitaba al médico por primera vez!

viernes, 13 de abril de 2007

Jesús Colomé, la virginidad y los modales

Mencionaré muy por encima algunas llamads que nunca quiero olvidar, por eso de no olvidar un chiste bueno para las fiestas.

Una de mis primeras situaciones memorables fue la del dominicano que se hizo pasar por Jesús Colomé. Llamó a un banco y dijo que era Colomé y que quería información sobre su tarjeta de crédito. El representante del banco le dijo que confirmara su dirección (una de las cosas que le preguntan a uno rutinariamente para confirmar su identidad) y él dijo: "Yo vine a la República Dominicana porque no es temporada de Grandes Ligas." "Sí, señor, ¿pero cuál es su dirección?" "Pues, yo vivo en Florida, pero vine a la República porque se acabó la temporada." El representante no entendía nada, lo cual me lleva a pensar que no sabía nada de pelota. Y "Jesús Colomé" no podía confirmar ninguna de la información que pudiera confirmar su identidad. Él estaba como en la calle o en algún lugar lleno de gente, lo cual añadía a la confusión porque no se le entendía muy bien ni él nos oía bien tampoco. Y yo no le podía decir al del banco "Mira, este tipo no es él" porque un intérprete sólo interpreta idiomas, no situaciones. Yo no puedo decir nada que no se haya dicho, nada de mi propia boca, ni dar opiniones. Estuvimos en la pendejada como por 5 minutos, 4 y medio más de lo que debió haber durado. Al final, "Jesús Colomé" se cansó y colgó.

Más recientemente, un mexicano llamó a una compañía de seguros de salud. Quería el teléfono de un ginecólogo en el área. Como hay varios tipos de ginecólogos, el representante le preguntó si necesitaba al ginecólogo por una situación de embarazo. El mexicano contestó: "No, es que sospechamos que nuestra hija de 14 años ha tenido relaciones sexuales." Tuve tentación de cambiar los números que el representante le estaba dando, pero no me atreví.

Hay hispanos que me dicen cosas estúpidas como 'niñita' o 'mi amor'. Algunos hablan por encima de uno, cuando ya he comenzado a interpretar. Algunos americanos nos regañan a los dos, como si yo fuera parte del problema porque soy hispana también. Otros, muy solidarios, me hacen interpretar cosas como "Señor, si usted no se calla y deja hablar al intérprete, voy a colgarle ahora mismo." La verdad, ahora que pienso en eso, la gente que llama a que lo atiendan y se pone ruda y maleducada, pues no sé en qué está pensando. ¿No se les ocurre que hay quien no les aguante la mierda? Es como tratar mal a un mesero: uno nunca trata mal a un mesero, so pena de que le escupan la comida en los confines oscuros de la cocina. Cuando uno pide un servicio, no se puede poner a gritar o a insultar o a creerse que tiene derecho natural al servicio, aunque lo tenga. Cuando uno trata con gente y quiere que lo traten como gente, uno renuncia simbólicamente a los derechos y se pone humilde. O si no, palo.

De qué se trata esto

Soy una intérprete hace ya cierto tiempo: más de 6 meses. Desde que trabajo en esto, he pensado que hay muchas historias interesantes qué contar, pero nunca lo he hecho públicamente por varias razones. Primero, es un trabajo que lo deja a un exánime. ¿Qué ganas le quedan a uno de escribir las incidencias del trabajo cuando se está demasiado contento por haber terminado el día y por poderse desconectar del todo? Segundo, bajo mi nombre no lo haría. Aunque estoy muy confiada en que ninguna de las cosas que pretendo escribir violará ninguna ley de confidencialidad, siempre hay quien no entiende o no se adapta o quien lo hace todo por el libro. Yo jamás faltaría a la ética de un intérprete, y quien me lea lo notará. Pero hay quien puede entender que lo que digo bordea el límite tan de cerca como un Minuteman. Yo no lo creo, por eso lo hago. O lo haré, mejor dicho.

Así que por eso es que he esperado a llevar poco más de medio año (¡!) trabajando en esto para ponerme a escribir sobre ello. Hasta ahora, mis experiencias han servido para amenizar fiestas, aderezar conversaciones y pintarme como una persona más interesante de lo que soy. Pero me he dado cuenta de que he perdido la cuenta de las cosas para contar, como se pierde la cuenta de los chistes buenos que le hacen a uno a través de la vida y se le olvidan.

Soy una intérprete telefónica. Trabajo desde mi casa. En el camino se darán cuenta de que no es tan idílico como parece. Me suena el teléfono y contesto; al otro lado de la línea hay un representante de un banco, un trabajador de casos de bienestar social, un empleado de la línea de emergencias, un representante de una compañía de agua, luz, teléfono, cable, gas, basura... Todos tienen algo en común: sus compañías están en los Estados Unidos, ellos hablan inglés y necesitan atender a un cliente que habla español. Me dicen que añadirán al hispano a la conversación. El hispano puede bien saber lo que está pasando o no. El hispano puede ser educado y paciente o no. El hispano puede que me oiga o no. Puede que yo lo oiga o no. Puede que tenga una emergencia y esté desesperado. Puede ser alguien voluntarioso o gentil. Puede haber llegado sólo hasta tercer grado de primaria. Nunca se sabe. El gringo tiende a ser manso (generalmente) porque está brindando un servicio. Son los del idioma que interpreto quienes le añaden la sal a la llamada.

Es primera vez, desde que empecé a ser intérprete, que pongo por escrito lo que significa. Con el tiempo, quien me lea se dará cuenta de que tengo sentimientos encontrados sobre mi trabajo. Algunas veces odio a muerte mi trabajo y literalmente grito cada vez que suena el teléfono. Otras veces, mayormente cuando no estoy en horas de trabajo y se me olvida lo agobiante que es, pienso en lo orgullosa que estoy de lo que hago y en lo honorable que es. La verdad irrefutable es que es un trabajo extenuante que requiere del uso continuo de la mente. Los trabajos que requieren mente son más extenuantes que los que requieren cuerpo. Lo digo sin ninguna pretensión. He realizado varias labores de las dos variantes y me siento preparada para emitir ese juicio.

Algunas de mis experiencias cómicas parecerán atenuantes aunque no lo sean. Algunas de mis experiencias difíciles no lo habrán sido en realidad. Lo único que espero sacar de esta bitácora es entretenerme a mí y a los que decidan que vale la pena leerme.